Magia y café

Existe un rincón en Frankfurt que reúne magia y café. Es uno de esos sitios con encanto, en los que te quedarías a vivir una tarde entera con aquel amigo que hace tanto que no ves, o con el que impresionarías a cualquier cita. 

Paseando por las calles de Frankfurt, descubrí el “café sugar mama”, está aproximadamente a unos 10 minutos del Römer, las casitas del centro de la ciudad. También puedes llegar en bus, tienes que bajarte en la parada “schöne Aussicht” y caminar unos 50 metros hasta llegar a la calle que cruza el puente del río, la Kurt-Schumacher-Straße. 

Entré porqué era una tarde de lluvia, así que acompañarla con un trozo de pastel de chocolate y un buen café me pareció el mejor plan. 



Fuera te encuentras con sofás, sillas viejas y mantas de cuadros para el frío, no hay ni una sola mesa ni una sola silla que sean iguales, ninguno hace juego con el otro, parece que los muebles abandonados de cualquier casa se hayan reunido en ese local para crear una perfecta armonía y darte la bienvenida a un lugar que huele a café y libros viejos. 

Me fascinó hasta el baño de ese lugar, si tienes un segundo escápate, tienen un cartel en el espejo de esos que te hacen subir la autoestima, en el que pone “Ich bin schön” (soy hermoso) en alemán. 

Es de esos cafés que abre las puertas a todo el mundo, tienen productos veganos y vegetarianos y además es un ambiente internacional, no solo por los cartelitos que hay en las mesas con los nombres de ciudades de todo el mundo, sino porqué si te pones a escuchar, se oyen infinidad de idiomas diferentes.  En las paredes tienen exposiciones de arte temporales, y los viernes por la noche hacen conciertos de música en directo. 

Si queréis alguna recomendación, para la merienda probad el pastel de zanahoria y las cookies de chocolate blanco, acompañado con una taza de chocolate belga. Si preferís ir para comer tenéis unas ensaladas riquísimas y unas quiches que no os dejarán indiferentes. Para ser Alemania los precios son bastante ajustados, mi tarde de lluvia, café y pastel salió por unos 6 euros.

Supongo que el ambiente bucólico de lluvia y que mi mesa se llamara “Barcelona” también ayudó a que me enamorara de ese café, pero he vuelto en días de sol, y creedme que ese café sigue siendo mágico. 


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