Un puente en el país vasco





 La casita de ensueño donde nos alojamos

El jueves por la mañana poníamos rumbo al país vasco, salimos muy pronto, sobre las ocho ya estábamos en la carretera, pero ya sabéis que cuando te vas de vacaciones, el despertador suena diferente, ya lo dice el refranero español “sarna con gusto no pica”.
 
Para la hora de comer ya estábamos en Pamplona, ¿Todavía no conoces Pamplona? Ya te digo que te estás perdiendo una de las ciudades más bonitas del norte de España. Su Catedral, sus plazas y recorridos míticos, su gastronomía en la calle Estafeta (la calle más famosa de toda la ciudad) te esperan con sus brazos abiertos y un sinfín de pinchos que llaman para ser comidos.





Después de visitar la ciudad y comer, algo que no puedes parar de hacer si visitas el norte de España, seguimos haciendo camino para llegar a Hondarribia.

Por la mañana, visitamos Hondarribia, que es definitivamente uno de los pueblos más bonitos del País Vasco y es, si o si, un lugar de visita obligada si vas por el Norte. Es más, me atrevería a decir que, si decides visitar solamente un pueblo en el País Vasco, Hondarribia debería ser sin duda, tu elección. Es un colorido pueblo pesquero, de esos sitios en los que no puedes despegar la cámara de tu mano, y rico tanto en arquitectura como en gastronomía. Todo un placer para los ojos y para el estómago.  


Tras visitar Hondarribia, tomamos un autobús rumbo a la capital de Donosti, la rica y esplendorosa San Sebastián. Realmente el autobús es la mejor opción, olvidaros de aparcar en la capital, a no ser que queráis preparar la cartera.  En ella, descubrimos para mí, una de las playas más bonitas de toda España: la playa de la concha. La subida de marea de la mañana a la tarde os dejará, estoy convencida, totalmente boquiabiertos. Nos perdimos por el casco antiguo, y descubrimos infinidad de bares con el ambiente tan característico, cervezas y como no, pinchos de esos que te hacen la boca agua. Tras una radiante mañana y parte de tarde, como no podía ser de otra manera, la ciudad nos despidió con su ya tan característico Xirimiri, que nos obligó a regresar al Hotel y disfrutar de una velada de comida china, manta y peli.
Al día siguiente, poníamos rumbo al bosque de OMA, (en euskera: Omako basoa) es una obra artística creada por el escultor y pintor Agustín Ibarrola entre los años 1982 y 1985.

El bosque, está situado en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. Son un grupo de árboles en los que se han realizado pintadas y que -en el conjunto de varios troncos y mirando desde determinadas posiciones- componen diferentes figuras geométricas, humanas y animales. A nosotros nos gustó muchísimo, la excursión para llegar a los árboles pintados es de aproximadamente unos 6 km (i/v), lo mejor es llevar ropa y calzado cómodo y ya solo eso merece la pena. Si os gusta hacer senderismo, podéis contemplar la opción de hacer una ruta un poco más larga y dedicarle un día entero.
A tan solo 28 kilómetros, unos 45 minutos en coche tenemos otra de las visitas obligadas, San Juan de Gaztelugatxe, nos espera junto a la isla de Akatz y el mar Cantábrico. Subir los 241 peldaños hasta la ermita de San Juan de Gaztelugatxe es una pequeña aventura con una gran recompensa: ¡las vistas impresionantes! Realmente es un must, los acantilados, el sonido del mar, la escalinata y el haber servido de plató de Juego de Tronos, hace que sea la segunda atracción turística más visitada de Vizcaya.
La mañana antes de volver, la pasamos en Bermeo, un colorido pueblo pesquero, Bermeo es otro de los lugares costeros más bonitos de Vizcaya. En Bermeo no te puedes perder la torre Ercilla (Museo del pescador), donde cuentan la historia del pueblo con la caza de las ballenas, la Puerta de San Juan, el casco antiguo, la Atalaya y sobretodo su acogedor puerto.


El encanto del País Vasco nos acompañó con sus frondosas carreteras hasta la vuelta a casa. Pues bien, estoy convencida de que esta maravillosa tierra y su cultura, cuyo origen no ha sido aclarado ni por los historiadores más leídos, esconde aun rincones por descubrir que en un futuro, estoy convencida tendré la oportunidad de visitar. me quedo con sus paisajes de película y con su gastronomía digna de los mejores chefs, querido País Vasco, te prometo que voy a volver.



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